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El tiempo se ha cumplido

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Por lo cual regocijaos, cielos y los que moráis en ellos. ¡Ay de la tierra y del mar!, porque el diablo ha descendido a vosotros con gran furor, sabiendo que tiene poco tiempo. Apocalipsis 12:12

La mujer representa al pueblo de Dios la corona de 12 estrellas representa las 12 tribus de Israel el hijo representa a Jesús la luna a Sara y a Jacob el sol. GENESIS 37:9

Después José tuvo otro sueño, y se lo contó a sus hermanos. Les dijo:

—Tuve otro sueño, en el que veía que el sol, la luna y once estrellas me hacían reverencias.

Cuando se lo contó a su padre y a sus hermanos, su padre lo reprendió:

—¿Qué quieres decirnos con este sueño que has tenido? —le preguntó—. ¿Acaso tu madre, tus hermanos y yo vendremos a hacerte reverencias?…

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12 comentarios

  1. 22 octubre, 2020 en 14:50


    • En cierta ocasión los fariseos se reunieron en grupo y le hicieron a Jesús una pregunta que era motivo de discusión y debate entre los sectores más preocupados de cumplir escrupulosamente los seiscientos trece preceptos más importantes sobre el sábado, la pureza ritual, los diezmos y otras cuestiones: «Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la Ley?».

      La respuesta de Jesús es muy conocida entre los cristianos: «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser». Este es el más importante. Luego añadió: «El segundo es semejante a éste: amarás a tu prójimo como a ti mismo». Y concluyó con esta afirmación: «Estos dos mandamientos sostienen la Ley y los profetas».

      22 octubre, 2020 en 22:21


  2. Muy a menudo la vida parece ser un enredo de preguntas, y preguntas difíciles, sin pretender cuestionar el amor de Dios y su poderío; pero para entender este tema resulta necesario hacernos algunas preguntas, difíciles para mí, por cierto, Vgr. ¿Por qué tiembla la Tierra, matando a centenares de cada sacudida?. ¿Por qué caen las lluvias excesivas, y destruyen el equivalente a una temporada de alimentos con cada chaparrón?, entre otros acontecimientos. Si Dios es un Dios de amor, ¿por qué muchas personas con cáncer?. ¿Si Dios es Todopoderoso, por qué no quita a las personas de las enfermedades o las alivia?. En fin muchas preguntas que hacerse.

    Estas preguntas, y una infinidad de otras como ellas, nos llevan a estudiar a lo que hemos de llamar el tema del “Gran Conflicto”, como veremos que se le denomina por otros autores como “El Conflicto Cósmico” o “La Gran Batalla en el Cielo”; lo cual es el gran tema de la batalla entre Cristo y Satanás[1]que está entretejido en toda la Biblia, desde las páginas iniciales hasta el cierre de esta. Mediante relatos cautivantes y verdades inspiradoras, este tema, el de la batalla entre Cristo y Satanás, entre “El Bien y el Mal”, nos da una comprensión básica, una estructura esencial, dentro de lo cual podemos procurar entender algo de estas preguntas difíciles, antes descritas.

    El tema proporciona una visión de nuestros orígenes y destino, y el flujo y reflujo de la historia humana. También ofrece un bosquejo, aunque amplio (y a veces tosco) de lo siguiente: cómo comenzó el pecado[por qué sufrimos; cómo puede Dios ser justo y amante; el significado del ministerio celestial de Jesús; cómo debemos relacionarnos con la Ley de Dios, su amor, su gracia y su juicio; y, cómo terminará el pecado.

    La humanidad entera se encuentra envuelta en un gran conflicto de proporciones extraordinarias entre Cristo y Satanás en torno al carácter de Dios, su ley y su soberanía sobre el Universo. Veremos más adelante, que este Conflicto se desarrolló en el Cielo.

    Que si bien es cierto que este tema del “Gran Conflicto: El Bien y el Mal”, no cubre todo lo que uno desearía en cuanto a este tema en estudio, ¿quién podría lograrlo?; pero, en cambio, proveerá un esquema que, aunque no da respuestas a las preguntas difíciles, proporcionará el marco a partir del cual podremos, por lo menos, vislumbrar la esperanza que se encuentra de ellas, en tanto estemos en comunión con Dios y confiemos verdaderamente en Él.


    El gran conflicto y su origen.

    La Biblia nos muestra que Dios es amor y que es santo. En el Libro de Génesis nos muestra que cada aspecto de su creación era perfecto.

    Si Dios es perfecto y creó un cosmos perfecto, ¿cómo y cuándo se originó el pecado?. Cuando Jesús habló de Satanás como “homicida desde el principio” y “padre de mentira”, estaba rastrando el origen del pecado y del “Gran Conflicto” con Satanás. El Libro del Apocalipsis habla de una guerra en el cielo en el cual Satanás, que “engañaba al mundo entero”, fue echado del Cielo y cayó a la Tierra. De este modo, la guerra entre “El Bien y el Mal”, comenzó en el cielo cuando un tercio de los ángeles, bajo la dirección de “Lucifer”, eligió rebelarse contra Dios.

    Antes de admitir a los Ángeles a la visión plena de Su Gloria (Visión Beatífica. Dios los sometió a una prueba, al igual que el hombre tuvo su prueba.

    La naturaleza de la prueba no se conoce con certeza, pero muchos teólogos sostienen que el Padre Eterno reveló a los Ángeles la futura Encarnación de Su Divino Hijo, y les hizo saber que al Dios-hecho-Hombre deberían rendir adoración.

    La conclusión de esta batalla entre los Ángeles Buenos y los ángeles malos se encuentra en el Apocalipsis: “En ese momento empezó una batalla en el Cielo: “Miguel”, según Juan en el Apocalipsis se refiere a “Jesús”, y sus Ángeles combatieron contra el Monstruo. El Monstruo se defendía apoyado por sus ángeles, pero no pudieron resistir, y ya no hubo lugar para ellos en el Cielo. Echaron, pues, al enorme Monstruo, a la Serpiente antigua, al “Diablo” o “Satanás”, como lo llaman, al seductor del mundo entero, lo echaron a la tierra y a sus ángeles con él”.

    Walter Duran, explica en su obra: “El Gran Conflicto”, quien nos comenta inicialmente que, “Pedro dijo: “Dios no perdonó a los ángeles que pecaron, sino que los encerró en cavernas tenebrosas, arrojándolos al Infierno.”. No hay arrepentimiento para ellos después de la caída, como no hay arrepentimiento para los seres humanos después de la muerte. Y el Catecismo nos dice que no fue por un defecto de la Misericordia Divina que el pecado de los ángeles caídos no fuera perdonado, sino debido al carácter irrevocable de su elección.

    La figura del demonio se asoció siempre a la maldad más destructiva, a la insolencia y a la fealdad más repulsiva concebida por la mente humana. Pero cabe hacer un brevísimo repaso a éste ángel caído, el primero que se rebeló ante Dios y fue expulsado del paraíso y excluido de la Creación.

    “Lucifer” fue el primer ángel que despertó y fue la más grande criatura de magnificente belleza en la aurora cósmica. Este ángel tenía una hermosura increíble y no comparada a ninguna otra creación. Todos los Ángeles que fueron creados después de él no tenían la belleza ni la grandeza que poseía el primer ángel de la mañana. Él fue el encargado de encender las primeras luces del universo, y en memoria a aquella primera luz se llamó “Lucero” a la primera estrella de la mañana conocida también como Venus que diariamente aparece antes que llegue el sol.

    La imaginación y la incipiente iglesia católica de otros tiempos reunieron en un solo personaje a todos estos nombres para meter dentro de la misma bolsa todo aquello que no se ajustaba al orden que trataba de imponer en sus tiempos. Así es como que si los gitanos hablaban de cualquier extranjero llamándolo “Diablo” para excluir a ese pueblo y sus creencias de la iglesia, le achacaron a los gitanos que eran adoradores del Diablo y todos sus actos eran despreciados y marginados de la sociedad. La iglesia católica contribuyo más que cualquier otro a darle una enorme fama al demonio y sus actos que cualquier otra religión, esto se extendió luego a todas las derivaciones del catolicismo en sus diferentes religiones nuevas como sectas. Si bien no es el lugar este para discutir el tema religioso de otras épocas, esto es como introducción al conocimiento de la idea del diablo y por qué tuvo tanta fama en las personas a partir de la edad media.

    Al principio de los tiempos siderales todos los Ángeles estaban reunidos en torno al Señor, esperando la señal que del El viniera para ir hacia los mundos y coayudar en la Creación, pero una disensión entre los ángeles, desató la polémica primero y la guerra de los cielos después. Sucedió que llegaba el instante de la creación del hombre. Hubo ángeles que querían al hombre perfecto, superior, a la misma altura de ellos, por eso no escatimarían esfuerzos en lograrlo y estaban dispuestos a hacer sus mejores obras. Otros Ángeles en cambio, querían que el hombre y su conciencia fuera ascendiendo en el plano universal a través de escalas hasta llegar a Dios y su perfección, a través del trabajo diario y por los siglos de los siglos. Esto era para asegurarse que el hombre, a pesar de su lentitud en lograr la perfección, algún día llegaría a Dios totalmente consciente y con sus capacidades acrecentadas. Este fue el motivo principal de la polémica. Unos querían que el hombre fuera perfecto desde el principio, y si se equivocaban destruirían la creación del mismo hasta lograr un ser superior, y los otros querían la vía de la ascensión. De los Ángeles rebeldes, hubo uno que logró ponerse a la cabeza de todos, su nombre era Shaitan, el adversario, el que desafió al resto de los Ángeles y a Dios mismo. El pecado de este ángel fue el de la soberbia, porque dijo que lograría hacer al hombre tan superior o más que a los mismos arcángeles. Este ángel expresó aquello de ¿quién como yo? a lo que fue inmediatamente respondido por el siguiente ángel en el orden jerárquico que fue “Mikaeil “Miguel” era el primer arcángel en la jerarquía de los cuatro, acompañado por “Gabriel”, “Rafael” y “Uriel”. El dominio de “Miguel” (“Jesús”), quien era el fuego, el que fuera encendido por un ángel anterior de nombre “Luzbel”, sólo que éste tenía la misión de encender la chispa primigenia en todos, mientras que “Miguel” conserva y cuida que el fuego del universo no se extinga. Por esto Miguel es de una jerarquía superior, pues por él el universo se mantiene encendido. El arcángel Miguel enfrentó directamente a Shaitan y le respondió ¿Quién como Dios? y a partir de ese momento se desató la guerra, pues se abalanzaron todos los Ángeles a las órdenes de Miguel sobre los de Shaitan. Esta guerra duró miles de millones de años, hasta que las dos terceras partes de los Ángeles lograron vencer a la tercera que fue arrojada hacia los abismos, esto es fuera del universo. Fue en ese momento que la maldición se pronunció, pero esto no significa que alguien haya dicho algo, significa que en el universo se quebró la paz que existía hasta entonces, y lo que se creara ya no tendría jamás el acuerdo beneplácito de todos los Ángeles, de toda la Creación del Señor. De allí hacia adelante en la evolución, los Ángeles caídos o arrojados al abismo, han tratado de malograr toda creación sobre el hombre con el fin de demostrar que el hombre no sirve para nada, y sean reconocidos, estos Ángeles como que tenían razón. Por esto aquel ángel rebelde, lleno de soberbia quiere destruir al ser humano, pues no es de su agrado y lo considera un ser totalmente inútil.

    Bueno, hasta aquí y muy sucintamente, el relato sobre el demonio. Como ven, esta entidad, no tiene ningún interés en el ser humano que no sea su destrucción, por lo que cualquier herramienta que tenga a mano para acercarse, engañar y destruir al humano, la usará con esos fines. Por eso el conocimiento es una luz que ilumina a quien sepa servirse de ella, pero fulminará a quien se abuse de la misma. Solo paso a paso se llega a un lugar, no es salteando etapas que se llegara más lejos. A veces no aceptar el destino o utilizar demasiado al Yo personal a lo único que conduce es al fracaso y a la humillación ante Dios. Y aquel que tenga un ego demasiado inflado como para que no tenga lugar ningún tipo de misericordia o compasión o que no tenga un poco de sabiduría que reconozca su limitación, abre sus puertas para las entidades nefastas de las que tanto se conoce en estos tiempos y que fueran llamados en otros: posesiones. La falta de información y la superstición hacen a veces también estragos, pues estas faltas son también aprovechadas por el ángel de los abismos.”

    La primera vez que se cita el nombre de “Lucifer” es en un texto del profeta Isaías de la Vulgata de San Jerónimo (siglo V), traducción que él hace de la Biblia, del griego (Nuevo Testamento) y hebreo (Antiguo Testamento) al latín, para designar a la palabra “Lucero”. En este texto se vislumbra el antiguo relato del ángel caído: “Quomodo cecidisti de caelo, “lucifer”, fili aurorae?. !Deiectus es in terram, qui deiciebas gentes!, qui dicebas in corde tuo: ‘In caelum conscendam, super astra Dei exaltabo solium meum, sedebo in monte conventus in lateribus aquilonis; ascendam super altitudinem nubium, similis ero Altissimo'”, que traducido al español, significa: “¡Cómo has caído del cielo, “Lucero”, hijo de la Aurora” !Has sido abatido a la tierra dominador de naciones!. Tú decías en tu corazón: “escalaré los cielos; elevaré mi trono por encima de las estrellas de Dios; me sentaré en el monte de la divina asamblea, en el confín del septentrión escalaré las cimas de las nubes, seré semejante al Altísimo”.

    No obstante, además del sentido grecolatino del término, “Lucifer” ya era identificado por la tradición veterotestamentaria con una estrella caída, ya que en el lenguaje bíblico las estrellas representan a los ángeles.

    Otro texto del profeta Ezequiel también podría ser ilustrativo: “Hijo de hombre, entona una elegía sobre el rey de Tiro. Le dirás: Así dice el Señor Yahveh: Eras el sello de una obra maestra, lleno de sabiduría, acabado en belleza. En Edén estabas, en el jardín de Dios. Toda suerte de piedras preciosas formaban tu manto: rubí, topacio, diamante, crisólito, piedra de ónice, jaspe, zafiro, malaquita, esmeralda; en oro estaban labrados los aretes y pinjantes que llevabas, aderezados desde el día de tu creación. Querubín protector de alas desplegadas te había hecho yo, estabas en el monte santo de Dios, caminabas entre piedras de fuego. Fuiste perfecto en su conducta desde el día de tu creación, hasta el día en que se halló en ti iniquidad. Por la amplitud de tu comercio se ha llenado tu interior de violencia, y has pecado. Y yo te he degradado del monte de Dios, y te he eliminado, querubín protector, de en medio de las piedras de fuego. Tu corazón se ha pagado de tu belleza, has corrompido tu sabiduría por causa de tu esplendor. Yo te he precipitado en tierra, te he expuesto como espectáculo a los reyes. Por la multitud de tus culpas por la inmoralidad de tu comercio, has profanado tus santuarios. Y yo he sacado de ti mismo el fuego que te ha devorado; te he reducido a ceniza sobre la tierra, a los ojos de todos los que te miraban. Todos los pueblos que te conocían están pasmados por ti. Eres un objeto de espanto, y has desaparecido para siempre.”

    Dicha caída es lo que se relata en el Génesis, cuando Satanás es simbolizado como “la serpiente”.

    Durante los tiempos antiguos -Antiguo Testamento- “Satanás” estaba en el ámbito terrestre (había perdido su condición de querubín celestial), pero podía retornar al cielo. El relato de Job permite esa deducción: “Y dijo el Señor a Satán: ¿De dónde vienes tú? Y respondió Satán: He dado la vuelta por la tierra.”

    Siglos después, en tiempos de Jesús, estaba siendo juzgado, pero aún no había ocurrido lo fundamental. Jesús explica que el Reino de Dios tiene como fin contrarrestar “la autoridad y poder de Satanás”. Para confinarlo en tierra (sin retorno al cielo) era indispensable el sacrificio de Cristo. Eso fue lo determinante.

    “… la sangre del Cordero” determinó que “no tenga más lugar en el cielo”. Luego, la acción de arrojarlo por tierra es efectuada por el arcángel Miguel con sus ángeles. Las implicancias de ese hecho se describen en el mismo Libro de Apocalipsis.

    Para el diablo, lo trágico es que si antes podía subir al cielo, desde el triunfo de Cristo ha perdido ese privilegio, o sea, no puede volver hasta aquél nivel como “acusador”.

    Por eso la alegría celestial: “alegraos, ¡oh cielos, y los que moráis en ellos! ¡Ay de los moradores de la tierra y del mar! porque el diablo ha descendido a vosotros, teniendo grande ira…”.

    Por lo demás, “Lucifer” forma parte también del panteón de deidades vuduistas hecho éste que hace ostensible, una vez más, el carácter sincrético de este culto.

    Salvador Corrales, en su Obra “Antropología Teológica”, nos explica que en la humanidad, existen creencias cristianas y creencias no cristianas, estas últimas tienen que ver con deidades oscuras y espíritus malignos; que son usados por estos desde la antigüedad para realizar maleficios, maldades, entre otros, apoyándose en el “Demonio.”

    22 octubre, 2020 en 16:03

  3. 22 octubre, 2020 en 17:25

  4. 22 octubre, 2020 en 18:27

  5. Sol

    22 octubre, 2020 en 21:37

  6. 22 octubre, 2020 en 21:43

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